
El Camino de Santiago es quizás la ruta a pie más famosa del mundo. Cada vez son más las personas que se animan a emprender esta aventura, algunas por la religión, otras para encontrarse a sí mismas, otras para ponerse a prueba y ver si son capaces… Sea cual sea el motivo, es una experiencia única y que deberías probar al menos una vez en la vida.
En esta guía te contamos todo lo necesario para afrontar tu primer Camino de Santiago; origen, rutas, consejos, experiencia… Todo esto seguro que será de gran utilidad si finalmente te animas a emprender la ruta.
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ToggleHistoria del Camino de Santiago
Desde el hallazgo de los restos del Apóstol Santiago millones de peregrinos han recorrido distintas rutas con el objetivo de llegar a la Catedral de Santiago de Compostela.
El origen del Camino de Santiago se remonta al siglo IX, cuando Alfonso II ordenó la construcción de un sepulcro para el Apóstol. Posteriormente, Carlomagno impulsó la seguridad en las rutas, fomentando las peregrinaciones por parte de los fieles. En ese momento, el camino ya era un éxito.
Un siglo después, la noticia del sepulcro ya se había extendido por Europa, atrayendo a numerosos peregrinos de distintas partes del mundo.

El rey Alfonso II fue considerado el primer peregrino oficial, inaugurando el «Camino Primitivo» desde Oviedo. Pero no fue el único que pasó a la historia por eso, dado que de cerca le sigue el monje y peregrino Aymeric Picaud, que escribió sobre su experiencia en el «Camino Francés«, aportando una valiosa información sobre la ruta.
A partir del siglo XIV, el número de peregrinos disminuyó debido a factores políticos, económicos, a crisis como la peste y las guerras religiosas. Y no fue hasta el siglo XVII que se recuperó parte de la tradición.
Finalmente, en el año 1884, el Papa León XIII reconoció los restos del Apóstol, y fue ahí cuando la ruta del Camino de Santiago cobró de nuevo impulso. Hoy en día, el Camino de Santiago está completamente en auge y recibe peregrinos de todas partes del mundo.
Las rutas del Camino de Santiago
Hay distintas rutas que llegan a Santiago y que forman parte del camino. Aunque el camino más popular es el francés, hay peregrinos que eligen otros caminos o que hacen uno diferente cada año. No necesariamente se tiene que comenzar por el camino francés.
Camino Francés
Es el Camino de Santiago más popular, pero de los más largos. Comienza en los Pirineos y recorre unos 800 km hasta Santiago de Compostela. Es el camino por el que suelen empezar los peregrinos, realizando las últimas 5 etapas para obtener los 100 km necesarios para pedir la Compostela. Este fue nuestro caso, empezando nuestro camino en Sarria y finalizando en Santiago de Compostela.
Camino del Norte
Esta ruta recorre la costa cantábrica, ofreciendo unas impresionantes vistas del mar y de las montañas. Comienza en Irún y es menos concurrida que el Camino Francés, pero también es muy bonita y recomendado para vivir la experiencia del camino.
La longitud del Camino del Norte es de aproximadamente 825 km y su dificultad es media. Estas son sus etapas:
Camino Portugués
El camino Portugués parte de Lisboa, y es bastante largo, con más de 600 km. Por este motivo, como ocurre con el Camino Francés, la mayoría de peregrinos empiezan directamente en Tui, haciendo unas 5 etapas para alcanzar los km necesarios para solicitar la Compostela. Es una opción más suave y es ideal como primera experiencia.

Camino Primitivo
Es la ruta más antigua del Camino de Santiago y parte desde Oviedo. El Camino recorre buena parte de antiguas calzadas romanas y fue el propio Rey Alfonso II el Casto, el primer peregrino en realizar esta ruta, que la anduvo para corroborar que los restos que aparecieron en Compostela eran realmente los del apóstol Santiago.
Es una de las rutas menos populares, pero merece la pena por su belleza. Transcurre a lo largo de 300 km.
Camino de la Vía de la Plata
Otro de los Caminos de Santiago que puedes elegir es el de la Vía de la Plata. Uno de los más especiales sin duda, porque parte desde nuestra tierra, Sevilla y recorre toda la parte oeste de España.
Es una de las rutas más largas, pero hay quienes deciden acortarla. Si lo haces entero tiene casi 1000 km. Hacerla entera es bastante dura y puede llevarte más de un mes aproximadamente de Sevilla a Santiago de Compostela.
Camino Inglés
Este camino parte desde los puertos de A Coruña o Ferrol. Es una ruta relativamente corta, de poco más de 100 km y que se puede hacer sin problemas a lo largo de unos 5 días. Sería otro ruta genial para comenzar a vivir el Camino de Santiago.
Camino de Finisterre
Este camino podría definirse como una segunda parte o extensión de los demás caminos. Parte de la propia Catedral de Santiago de Compostela y va hasta Finisterre, el pueblo considerado el «fin del mundo» o también «o fin da terra«. También existe la variante de terminar un poco más lejos, en Muxía.
Si quieres terminar el camin
Como ves, son muchas las rutas que nos llevan hasta la ciudad de Compostela. Si tienes dudas sobre la ruta a elegir, ten en cuenta que el camino más popular es el Francés, pero cada uno tiene su encanto y su mérito, por supuesto.
Cómo recoger la Compostela cuando se termina el camino
El mayor premio de terminar el camino, aparte de la satisfacción de conseguirlo, es recoger la Compostela. Para ello, hay que dirigirse a la Oficina del Peregrino de Santiago de Compostela. Se encuentra ubicada en Rúa das Carretas nº 33, y hay que coger número, seguramente habrá que esperar, pero lo positivo es que se puede seguir el avance mediante el número correspondiente a través de su web
De esta forma no hay por qué quedarse allí esperando, sino que puedes irte a comer, por ejemplo, como hicimos nosotros y cuando queden unos 10 números o así volver. La verdad que este nuevo método evita tener que pasar horas y horas de espera en la oficina.

Para obtener la Compostela, no necesitas hacer el camino entero. Simplemente necesitas hacer 100 km, que suelen ser unas 5 etapas de camino. En nuestro caso, al hacer el Camino Francés, serían las últimas etapas desde Sarria hasta Santiago. Ten en cuenta que puedes pedir una Compostela por cada camino que hayas realizado.
Además de la Compostela, se puede pedir la bendición Franciscana, otra acreditación del camino de Santiago que descubrimos ese mismo día que nos lo comentó otra peregrina. Se consigue en el convento de San Francisco a pocos metros de la oficina del Peregrino.

Para solicitarla, deberás entrar y, al lado izquierdo del convento, encontrarás una sala donde podrás acceder y obtenerla de inmediato. Es otro buen recuerdo que puedes conseguir del Camino de Santiago.
Nuestra experiencia en el Camino de Santiago Francés
En este apartado vamos a contaros como fue nuestra experiencia en el camino desde ambas perspectiva, primero la de Margalliver y luego la mía:
Margalliver
Como ha sido nuestra primera vez, optamos por el camino francés, el que mas servicios e infraestructuras ofrecía. Organizamos todo desde Sevilla y no dejamos nada al libre albedrío. Escogimos salir desde Sarria por dos razones fundamentales. La primera, por que no sabíamos si estaríamos bien para hacer mas kilómetros y queríamos cumplir con el mínimo exigido para la Compostela; el segundo y mucho más práctico, porque mis cuñados viven relativamente cerca de Sarria y resultaba cómodo.

Una semana antes de partir a Galicia nos recomendaron ampliar las etapas hacia atrás y realizar todo el trayecto del camino francés que discurre por Galicia, comenzando por O Cebreiro y pasando por Samos, pero íbamos ya bastante justos, y al finalizar el camino, agradecí no haber ampliado nada, pues Kike llego bastante mal y doy gracias a Dios de que hubiese continuado hasta Santiago en su estado.
PD: Si tenéis oportunidad de comenzar desde O Cebreiro, hacedlo 😉
Una cuestión a tener presente en la organización del camino fue: ¿Qué clase de camino queremos hacer? Yo tenía muy claro que de albergues no iba a ir, primero por el coronavirus, y segundo, porque no me apetecía compartir habitación con desconocidos y pasar malas noches sin pegar ojo. ¿Ahora que ya he terminado el camino, me replantearía este tema? Pues sí, no os voy a engañar.
Descubre nuestros alojamientos en el Camino de Santiago Francés
El camino engancha, pero sobre todo, se pasa rápido, o al menos a mi, las 6 etapas se me hicieron cortas. Pero eso es lo bueno de empezar y probar algo, ya sé que debo buscar para un próximo camino (que lo habrá). Necesito mas días, necesito no llevar todo tan planificado, necesito oír mi cuerpo y fluir un poco más; y mira que el camino a mi me sentó fantásticamente bien, pues deje todo el estrés atrás y me centré precisamente en disfrutarlo, pero una mijilla más de improvisación no hubiese estado de más.

Nosotros decidimos contratar el servicio de traslado de maletas. Lo hicimos con la compañía Pilgrim y se gestiona todo desde su app. Es super fácil e intuitivo, te recogen la maleta de tu alojamiento y te lo llevan al siguiente, cuando ya está en el destino, te llega una notificación.
Llevábamos una maleta de ruedas con nuestro pijama, el neceser, el resto de la ropa, las zapatillas de recambio…en fin, casi todo en esa maleta, que llevaban de etapa en etapa. ¿Llevábamos peso? Sí, claro, pero el menor posible.
Tanto Kike como yo llevábamos nuestra mochila, con agua, comida, con un par de calcetines de repuesto, con los medicamentos, el pequeño botiquín…la cámara de fotos…que se me olvida, mi fiel compañera de viajes ¿Hacer el camino de Santiago con la cámara a cuestas? Sí, y mira que el primer día la dejé en la mochila y no la saqué, pero al día siguiente quise inmortalizar esos momentos mágicos del camino y, como disfruto tanto de la cámara y del camino, se unieron dos pasiones que me hicieron muy, pero que muy feliz.
Bueno, cambiando de tema ¿Qué tal la comida? Pues brutal, estamos en Galicia ¿hay que añadir algo más? Cuando terminábamos la etapa, llegábamos al alojamiento, nos duchábamos e íbamos en busca de un buen sitio para comer. ¿Hemos adelgazado en el camino? No, no lo creo, porque con la excusa del esfuerzo y la pecha de kilómetros que hacíamos, estaba muy justificado comer hasta reventar y mira que nosotros no hicimos eso, pero tampoco escatimamos.

Kike
La verdad que el Camino de Santiago no lo hice ni por fe, ni por espiritualidad, sino que me lo tomé mas que nada como un reto y vaya que si fue un reto… Yo iba convencido de que iba bien físicamente y temía más por Margalliver… y fíjate como se tornan las cosas, que el que llegó arrastrándose fui yo y ella como una rosa… para que veáis que las apariencias a veces engañan.
Mi calvario comenzó muy pronto, después de disfrutar de una primera etapa saliendo aún de noche desde Sarria, en la que viví uno de los momentos mágicos del camino…»Un velo de oscuridad envolvía el bosque, sin embargo, una hilera de luces blancas se deslizaba suavemente entre los árboles, como almas flotantes. Una tras otra, trazaban un camino en el aire, una danza silenciosa que, con su resplandor tenue, nos mostraba el sendero que debíamos seguir«. Imagínate comenzar así el Camino de Santiago, !Una pasada!
Pero todo se torció al llegar a Portomarín, el final de la primera etapa. Un dolor muy fuerte empezó a llegar a mi rodilla izquierda después de una bajada muy pronunciada justo antes de cruzar el puente que da acceso a Portomarín. Tras sesión de masaje con mi crema favorita: Fisiocrem (no olvidar meter una crema en el botiquín), se relajó el dolor un poco, pero seguía sin poder caminar bien. Opté entonces por bajar a la farmacia y comprar una rodillera… que me salió un ojo de la cara, pero que me ayudó a terminar el camino.
Al día siguiente me levanté bastante bien, hicimos nuestros estiramientos antes de empezar a caminar ( muy recomendable, por cierto) y mi rodilla parecía que estaba OK, parecía solo un susto. Sin embargo, a mitad de la etapa volvió el dolor… pero esta vez en el empeine derecho… una zona bastante rara y en la que nunca había tenido problemas. Este dolor se fue acentuando provocando que mi caminata fuera más lenta y medio cojeando, pero conseguí llegar hasta Palas de Rei. Aquí nos esperaba nuestro caprichito del Camino, el Pazo de Laia, un alojamiento espectacular dónde pude descansar y darme un baño reponedor, y esperaba que tb sanador.

El tercer día fue un punto de inflexión, dónde estuve apunto de abandonar el Camino de Santiago. Y es que, al comenzar a andar, el dolor era muy intenso en el empeine y apenas podía apoyar el pie, en esta etapa sobre todo y en la última, fue donde mis bastones me guiaron a seguir el camino. Pensé en abandonar durante un rato, estuve a nada de hacerlo, pero el camino me había atrapado y quería continuar, quería terminar mi camino, quería llegar a la plaza del Obradorio y sentir esa satisfacción por haberlo conseguido.
Así que con dolor y paciencia emprendimos el camino… El dolor iba amainando, el pie ya estaba caliente y parecía que quería ayudar a continuar la senda que había iniciado. Y así fue, durante varias etapas más el dolor en el empeine se mantuvo, eso sí, menos intenso y a veces me dejaba un ratito libre, para poder tener mi mente 100% en el camino y no en mi dichoso pie.
La rodilla no quiso ser menos y pidió un poco de atención…justo en la última etapa, cuando ya tenía la Plaza del Obradoiro a 1 o 2 kilómetros solamente. Volvió con más fiereza que nunca, impidiéndome prácticamente andar, teniendo que parar en varios bancos a escasos metros de la meta.
Margalliver iba apoyándome delante de mi sin perderme de vista, sabiendo que podía hacerlo, que ya estaba el fin del camino a tan solo unos pasos… Los últimos metros antes de girar a la izquierda y entrar en la plaza se me hicieron eternos, pero fueron tantas las ganas que tenía de hacerlo que prácticamente no sentí dolor en los últimos metros y sentí una gran satisfacción, emoción y alegría de haber completado mi primer Camino de Santiago y más en las condiciones en las que lo hice.
Y no se si fue por obra de Santiago o era por mi estado de excitación, pero el dolor de la rodilla desapareció nada más pisar la Plaza del Obradoiro y continúe disfrutando de ese día mágico sin dolor alguno.
Después de como terminé, ¿Volvería hacer otro Camino de Santiago? un rotundo SÍ, repetiría la experiencia y espero que no tarde mucho en hacerlo, es más, queremos hacer un camino diferente cada uno (Margalliver y yo) para encontrarnos en Santiago en la plaza del Obradoiro 😀
Es cierto lo que dicen que una vez que pruebas el camino… quieres repetir.
Consejos para hacer el Camino de Santiago
Ahora te vamos a dar unos consejos prácticos que tienes que tener en cuenta antes de emprender tu primer Camino de Santiago:
- No es esencial, pero es muy recomendable prepararte uno o dos meses antes. Si no sueles andar mucho a diario y empezar hacer unos 10-15km al día para ir acostumbrando al cuerpo a caminatas de más 20km diarios.
- Ropa cómoda y transpirable por capas. Depende de la época del año tendrás que llevar más o menos abrigo, pero siempre es mejor llevar varias capas que te puedas ir quitando una a una que llevar una muy gorda. Aunque vayas en verano, alguna sudadera y pantalón largo tienes que llevar, a primera hora de la mañana la temperatura suele ser baja. Ahh y sea la época que sea, lleva un chubasquero.
- Buen calzado. Esto es de lo más importante, los pies hay que cuidarlos muy bien durante todo el trayecto, cualquier problema en ellos, pueden hacer que tengas que abandonar o se te haga muy cuesta arriba la ruta. Lo ideal es una buena bota de senderismo, pero hay quien dice, como mi primo Dani, que se ha hecho ya miles de kilómetros en el Camino de Santiago… que lo mejor para él son unas zapatillas deportivas. Ya es cuestión de gustos, pero eso sí, que no sean nuevas, nunca estrenes unos zapatos en el Camino de Santiago.
- Hablando de calzado, otra cosa muy recomendable son los calcetines sin costuras del decathlon, son caros sí, pero son una maravilla. Estos calcetines, unidos a un poquito de vaselina antes y después de caminar es una combinación perfecta para evitar las rozaduras y ampollas en el camino. Nosotros volvimos con los pies impolutos.
- Llevar un par de calcetines de repuesto a mano. Es esencial llevar los pies secos y es posible que en el camino se te puedan mojar o simplemente quieras meter los pies en un rio para refrescarlos. Después te secas muy bien los pies con una toalla, cambias de calcetines y listo, a seguir caminando.
- Elige una mochila amplia que no pese mucho vacía. Ten en cuenta que llevarás fácilmente unos 6 kg de peso cada día a tus espaldas, a no ser que hagas como nosotros y solicites el servicio de traslado de mochila de etapa en etapa (te lo detallamos en nuestra experiencia).
- Acuérdate de sellar la credencial del peregrino, pero no te pases con los sellos, a ver si cuando tengas que sellar la de Santiago no tengas hueco jeje.
- Lleva siempre bastante agua y algo de comida, como frutos secos o fruta en la mochila.
- Realiza paradas cada hora o así. No hay prisa por llegar y el no parar suficiente en las primeras etapas puedes sufrirlo en las siguientes. Esto lo aprendí a base de bien ya que la primera jornada apenas hicimos 2 o 3 descansos muy cortos y pagué las consecuencias…
- ¿Bastones sí?, ¿Bastones no?, ¿Cuantos? Esto es cuestión de gustos, Margalliver por ejemplo iba con solo un bastón y fue genial y yo iba con dos bastones y tengo que decir, que sin ellos quizás no hubiera llegado a Santiago, me ayudaron muchísimo. Al menos un bastón o un palo si que recomiendo llevar, te ayuda a impulsarte al caminar y realizar menos esfuerzo.
- Llevar un pequeño botiquín con cosas básicas: Tiritas, ibuprofeno, paracetamol, gasas…
Ahora que sabes todo esto, ¿Te animas hacer el Camino de Santiago? Cualquier duda o pregunta que tengas, te contestaremos sin problema 😉
¡Caminante, buen camino!


























